lunes, 22 de noviembre de 2010

La importancia de la Simbología del poder en la Guerra Cristera


Esta etapa de la historia de nuestro país ha sido tratada, por muchos años, en los libros de texto en tres simples renglones, a pesar de ser unos de los acontecimientos mas sanguinarios que se han presentado, e incluso aun siendo una lucha entre las dos mas poderosas instituciones que guían la historia de nuestra patria: la iglesia y el estado.

Durante este periodo nuestras instituciones busca revestirse de símbolos que otorguen a sus miembros cohesión e identificación interna y externa. La simbología no es un aspecto secundario del poder para su lucha, sino uno de sus elementos constitutivos, que permite la afirmación y la manifestación del orgullo de pertenecer a un grupo y, a la vez, proporciona legitimidad a ese poder a los ojos de la sociedad.

Como sabemos, un mismo signo puede jugar varios papeles al mismo tiempo. Una imagen puede representar algo, expresar algo, referirse a su propio carácter material, aludir a algo, ser una metáfora o un constituir otro tipo de signo indirecto, y al mismo tiempo variar ese significado derivado de la variación de circunstancias y acontecimientos que se realizan en ese lapso de tiempo. Es por eso que, a pesar de ser manejados con anterioridad dichas formas de representación pueden ser manipuladas para conseguir un fin concreto.

Estos iconos de poder, en la vida de las instituciones, repercuten como elementos notorios y al mismo tiempo sutiles, pues se presentan en formas tan concretas como escudos, medallas, formas de vestir, gritos, imágenes, edificaciones, hasta aspectos tan escurridizos casi imperceptibles al oído, vista, tacto, gusto u olfato de las personas no implicadas o poco involucradas.

Por ello, consideramos importante  la repercusión que trajo para esta lucha el uso de simbología utilizada tanto por la iglesia como por el estado, pues ambos atacaron los símbolos del otro para menguar su fuerza e incluso estos ataques repercutieron en el inicio y desarrollo de los conflictos.

Cabe recordar que, todo poder tiende, por lo general, al uso de símbolos para formarse, integrarse, reafirmarse, consolidarse, reformarse, reforzarse, vigorizarse, e incluso al perecer continuar en la memoria. Es por ello que ambas autoridades, no pueden dejar de lado el empleo de este medio de fortalecimiento de poder, pues incluso el ser humano que no sabe leer, ni escribir, entiende el significado de la simbología y lo que representa el ataque a los emblemas de su religión o su patria.

Siendo, precisamente, este precedente el que nos indica la gran importancia que el ser humano brinda a ciertos símbolos, asignándoles un valor determinado, pues estos símbolos no son sólo parte de la vida de los individuos, sino que llegan a significar tanto como la vida misma.

Derivado esta percepción es que un símbolo moviliza todo nuestro ser, la inteligencia, la memoria, la imaginación, la afectividad e incluso afecta al consciente, al inconsciente y al subconsciente. Siendo esta percepción simbólica reveladora de las profundidades del ser, a través del objeto que nos estimula y revela.

Por ello, en esta contienda fue utilizada la Cruz, la Virgen de Guadalupe, el nombre de Dios, los santuarios e iglesias, las Constituciones, los himnos, las custodias, el rosario, la figura papal, los gritos emblemáticos, la indumentaria religiosa y militar, la bandera nacional, los edificios gubernamentales, la figura del ejercito y muchos otros, como medios para de crear un deseo en las personas de salvaguardar su identidad como mexicanos y católicos.

Para de esta forma llevar, nuestras instituciones, a sus miembros a pelear por estos símbolos, haciéndolos no sólo indicadores de creencias o ideales, convirtiéndolos prácticamente en la “razón de vida”, forjando así no elementos que acompañan al ideal, sino el ideal mismo.

Las cosas se convierten en portadores del significado al grado de repercutir en una lucha armada donde es entregada la vida.

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