Este país ha logrado asumir un gran progreso en muy poco, lo cual tendrán efectos claros y avasalladores a mediados de este siglo, donde se verá la potencia Oriental en todo su esplendor.
El trabajo de China no es de hoy, desde sus orígenes se han puesto las piezas en un orden para la creación de este gran monstruo que terminará comiéndose a Occidente. Esto ha sucedido accidentalmente, es decir, no siendo en objetivo, de dicha potencia y, derivado de la gran capacidad de adaptación de estos orientales.
Para evitar esto es necesario que los llamados países “primer mundistas” den la debida atención al poder que han puesto en los países de Asia, pero sobretodo en China, influencia que han otorgado pacíficamente, subestimando el efecto que hoy es una realidad palpable, pero poco estudiada por ellos.
Occidente únicamente ha analizado los efectos a corto plazo. Derivado del crecimiento en su economía causado por la reducción de costos, ha olvidado que para triunfar es necesario ganar todas las guerras y no sólo las primeras. La perseverancia y disciplina de los asiáticos es la que puede marcar la diferencia en esta lucha silenciosa.
Además Occidente no quiere ver en China un rival de peso, un compañero en la aventura del capitalismo y digno competidor; sino un simple discípulo, sobre el que creé tener toda autoridad. Olvida que el discípulo siempre tiene la posibilidad de superar al maestro.
La estrategia China es muy clara: descubrir antes que otros países las directrices de las fuerzas que actúan en el fenómeno de la globalización y trabajar de lleno en las oportunidades para sacar de ellas el máximo de ventajas.
Aprovechar la fuerza del adversario para usarlas en provecho propio, ceder según la dirección del movimiento y adaptarse a él en vez de intentar la oposición frontal, es el medio más idóneo que han encontrado los asiáticos para progresar.
El país se desarrolla con rapidez, lo hace por medio de una industria manufacturera de calidad, junto con una cultura de trabajo, abnegación, motivación y educación intensiva, aunado a una explotación de recursos culturales y demográficos que lo llevan a tener un gran control económico a nivel mundial y de una forma acelerada.
Para lograr eso se han valido de la exportación de algunos de sus jóvenes, que derivado del fenómeno mundial del desempleo se ven obligados a emigrar, pero no de la forma en la que lo hacemos los latinoamericanos, sino como una estrategia maquiavélica del estado, donde estos posicionan la cultura asiática y paralelamente toman de Occidente sólo lo necesario para desarrollarse mejor.
La globalización ha traído como consecuencia la externalización efecto que ha buscado territorios para su desenvolvimiento y que ha encontrado en este país asiático, un gran mercado de producción. La generalización de la deslocalización, es decir, de la externalización, ha llevado a que sectores enteros de la industria mundial sean absorbidos por China, de una forma lenta y segura. Su arma: la paciencia.
Los chinos han obtenido tanto poder que es posible que ellos fijen los precios de casi todos los bienes industriales y dispongan de medios para crear y comprar productos nuevos y marcas mundiales.
Una clave más de esto es el hecho de que la visión de China ha sido aprovechar el capitalismo, hacerlo suyo. Este país considerado como el corazón de Asia, no ha entrado a su juego, no ha sido una pieza más en la teoría de Smith, sino que por el contrario, ha tomado la teoría y la ha adaptado para sacarle el mayor provecho posible.
China posee características propias y únicas, y su experiencia es enriquecedora. Ello ha sido tomado por los chinos sabiamente, por lo que han incluido figuras de su cultura en su crecimiento, como es el caso del colectivismo contraria al individualismo clásico de los Occidentales.
El Estado como controlador, parece para algunos poco sano, pero que en el caso de China es su vacuna contra casi toda enfermedad, puesto que la apertura es una apertura protegida.
El sistema político imperial chino, se ha convertido en un imán de los capitales de todo el mundo, al ser el propietario de todos los medios de producción, distribución y financiación. Al ser la empresas públicas las principales colaboradoras de los joint ventures.
Siendo las autoridades chinas las encargadas de continuar con el control de un sector público grande e invertir cantidades colosales para mantener su modelo económico, es poco probable que el gobierno pierda su zona de influencia.
Otro factor importante que debe ser considerado es el peso demográfico que se impone como elemento central, pues cuenta con la quinta parte de la población mundial y ello implica una ventaja decisiva al momento de crear una cultura expansiva como es el fin de la globalización.
En resumen, el problema que hoy en día amenaza a Occidente “terroristamente”, es la poca persistencia y tenacidad que presentan aunado a la gran capacidad de oportunismo chino, es decir, de la visión necesaria para tomar las oportunidades que se presentan y adaptarlas según las características con las que China cuenta.
Por lo anterior, se ha dado una paradójica situación donde un sistema comunista será en unos años el gran triunfador del capitalismo, propiciando la decadencia de Occidente.